He aquí la anatomía de cómo se ha ido construyendo poco a poco la crisis eléctrica dominicana. Sorprende que aun nadie haya dicho públicamente que las licitaciones de Radhames Segura por las plantas de generación eléctrica a carbón huelen muy feas y guardan mucha similitud con actividades turbias, por no decir solo que también son ilegales, equivocadas y costosas.
Por encima de la ley, con el silencio cómplice de la superintendencia y las empresas distribuidoras, así como teniendo conversaciones previas y opacas con algunos inversionistas, la CDEEE armó, convocó y adjudicó dos contratos de construcción de plantas de generación a carbón desde el año pasado. Como podía preverse de una mala y amañada planificación, todo ha ido mal y la construcción aun no empieza.
Con el crecimiento de la demanda de electricidad (a pesar de estar reprimida y racionada por la superintendencia en cerca de un 30% de su potencial), desde el año 2005 se abrió la posibilidad de licitar grandes “paquetes” de nueva energía barata, eficiente y menos contaminante que contribuyera a bajar la tarifa promedio a los consumidores.
Si no se quería esperar la construcción de nuevas plantas, pues se podía coordinar la licitación de pequeños “paquetes” de energía de no tan largo plazo, pero a precios mucho menores que los del Acuerdo de Madrid. Recordemos que desde 2003 los generadores eficientes con capacidad instalada ociosa están ofreciendo energía a las grandes empresas, con estatus de usuario no regulado, a precios 40% menores que los de Madrid.
Precisamente es la idea que orienta la ley general de electricidad de 2001, pero en la ley se especifica que deben ser las distribuidoras y que, si estas no lo hacen por su propia iniciativa, el superintendente debe impulsarlas.
Pero eso no se hizo, tanto la superintendencia como la CDEEE se dedicaron a perder el tiempo en criticar a Madrid y dar contratitos de un año, sin licitación y a los mismos precios que ellos criticaban. ¿Puede ser mayor la hipocresía y doble moral? Si, es posible, como lo veremos más adelante.
Radhames Segura vio la oportunidad de hacer su propia licitación y sabia de antemano que algunos promotores e intermediarios locales de inversionistas extranjeros del sudeste asiático estaban interesados (como lo sabíamos nosotros antes, pero la rechazamos por la baja calidad de los inversionistas y sus intermediarios locales).
Y así se estructuró dicha licitación de las plantas de carbón. Vox populi en el sector eléctrico local e internacional decía en su momento que la “calidad” de los inversionistas dejaba mucho que desear. La historia le ha dado la razón a esos rumores, y el superintendente no ha dicho ni “esta boca es mía”.
Estas licitaciones han ensuciado, envenenado y cambiado el cauce de las reformas en el sector. La idea fundamental de la capitalización, también de la ley general de electricidad y también del Acuerdo de Madrid, era disminuir el peso de la CDEEE en el sector abriéndole espacio a la inversión privada.
Por eso fue limitada la porción de los contratos de Madrid que se asignaron a la CDEEE. Por eso fue que también se terminaron casi todos los absurdos contratos IPPs que había firmado Radhames Segura a su paso por la CDE en 1996-2000 (incluyendo uno de inversionistas del sudeste asiático), pagando los costos hundidos precisamente con estos contratos de Madrid que posee la CDEEE. ¿Por qué no se ha seguido el proceso?
Por eso también se eliminó el turbio y corruptor papel que jugaba la CDEEE de intermediario en la compra de combustible para estos generadores (de ser el tercer mayor comprador de combustible de la Refinería y la Shell en el país en el año 2000, se pasó a no comprar más en 2004).
Ahora resulta que la CDEEE será la intermediaria en la compra de combustible para esas plantas generadoras, con lo cual asume todo el riesgo de precios, capital de trabajo, negociaciones, licitaciones y logística. También se ha comprometido la CDEEE a comprar por lo menos el 50% de la energía que generarán estas plantas cuando estén construidas. Y, para colmo, ahora también resulta que se deberán abrir sendas cartas de crédito por 30 millones de dólares a cada planta para asegurar dicha compra de energía.
CDEEE comprará la energía a las generadoras a carbón, pero ¿a que precio la venderá a las distribuidoras, a los precios de sus contratos de Madrid? La Ley ordena a las distribuidoras a licitar antes de comprar esta energía, sea de quien sea. Yo apuesto con cualquiera que esta energía no saldrá barata, ni limpia, ni eficiente.
Esta energía será una pesadilla, recordemos que cuando Segura y Temístocles Montas licitaron y adjudicaron Cogentrix el precio sería de unos 7 centavos de dólar por kilovatio, hoy la CDEEE la debe comprar a 23 centavos. Eso pasa con este tipo de contratos, son riesgosos, mañosos y traicioneros, siempre en disfavor de la CDEEE y, por tanto, del público consumidor dominicano.
Las nuevas noticias sobre las plantas no son muy halagüeñas. Primero, la mentira de que en 24 meses estará concluida la planta de Montecristi, que también apuesto con cualquiera a que no será así. Segundo, que se ha cambiado el adjudicatario de la planta de Azua, sin nueva licitación ni anuencia escrita por el superintendente; ya no será la oficina privada de un jeque de los Emiratos Árabes, sino el grupo local Vicini en alianza con SEABOARD.
Ambas empresas tienen amplia experiencia en el mercado eléctrico dominicano. El grupo Vicini, a través de METALDOM, vendió electricidad como IPP a la CDEEE por quince años, su contrato fue terminado en 2003. El grupo SEABOARD fue inversionista principal del primer proyecto IPP (la barcaza en la desembocadura del Río Ozama) otorgado en una de las administraciones balagueristas, vendió energía durante cerca de trece años y su contrato también fue terminado en 2002.
Mientras tanto, el superintendente sigue en su público silencio cómplice (quizás cruzando los dedos por dentro para que los proyectos no se den--¿quién sabe?--). Y al presidente quizás no le han dicho lo que hay que decirle o, peor, lo sabe todo y también silencia porque esta de acuerdo con lo que le han dicho los intermediarios de los inversionistas y no puede ver otra alternativa.
¿Hasta cuando seguirán actuando sobre la base de creer que somos estúpidos?
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