domingo, 11 de febrero de 2007

FMI, BANCO MUNDIAL Y MALA GESTIÓN ELÉCTRICA

El gobierno ha sido castigado severamente por el FMI y el Banco Mundial hasta hacerlo pedir excusas por escrito. Aparte de la locura del Metro que le ha creado un agujero al presupuesto, la otra razón es que permitieron un desastroso desempeño del sector eléctrico que, a su vez, arrastró consigo al empeoramiento del déficit fiscal de todo el gobierno y al incumplimiento de las metas macroeconómicas programadas para 2006.

En efecto, diferente al triunfalismo de las cartas de intención al FMI de 2005 y 2006, en el primer párrafo de la carta de este año el gobierno admite implícitamente que el famoso “plan de rescate del sector eléctrico” fracasó, ya que para este año se compromete a “la implementación de un nuevo plan integral del sector eléctrico”. Y termina ese primer párrafo pidiendo excusas en la jerga del FMI: “solicitamos las dispensas correspondientes”.

Esto tenía precedentes. En la carta de intención anterior, 2005, se prometía reducir las pérdidas de las distribuidoras al 30%, subir los cobros a un 90%, pagar al día las facturas corrientes a los generadores y los intereses de las cuentas congeladas, re-negociar los contratos de Madrid y reducir el subsidio a US$350 millones.

Tremenda agenda cuyos resultados fueron: aumento de la deuda corriente con los generadores en US$100 millones, nunca se pago los intereses de la deuda vieja, pérdidas subieron al 44% según el Banco Central, el subsidio fue casi el doble de lo prometido (terminó en US$620 millones), y no se renegoció ni un solo contrato.

Más allá de los apagones y altas tarifas, muchas personas aun no entienden la enorme fuerza de gravedad (casi de “hoyo negro”) que ejerce una mala gestión del sector eléctrico sobre las cuentas fiscales y la macroeconomía. Fernando Álvarez Bogaert, secretario de finanzas, le dijo varias veces a Hipólito Mejía que el sector eléctrico que le habían dejado con la capitalización y los IPPs era un “barril sin fondo” y que “era capaz de hacer quebrar al Estado”, pero al final fue otro “hoyo” el que lo hizo renunciar.

El evento más importante de política económica en los últimos años es la carta de intención que envía periódicamente el gobierno al FMI para sustentar el programa económico que ambos han acordado. La de este año, publicada recién el 8 de febrero, ha sido un parto difícil, y los más punzantes dolores vinieron del sector eléctrico.

Las dificultades que plantearía el sector eléctrico para 2007 ya se veían venir a pesar de que los funcionarios del sector la ocultaban. Erik Offerdal, representante residente del FMI, mostraba gráficamente (lamina 38 de su exposición a la prensa de noviembre de 2006, disponible en el website del FMI) la deficiente gestión en el sector eléctrico que desde diciembre de 2004 no había mejorado y que la tendencia había empeorado gravemente con las elecciones de 2006.

Sin embargo, Offerdal tenia esperanza de que se produjeran mejoras, ya que la recuperación desde mayo era visible hasta septiembre de ese año, aunque débil ya que no superaba lo ya alcanzado durante la anterior administración.

Cuando estuvieron disponibles las cifras de todo el año (ocultas y hasta mentidas al público), este tema de la gestión del sector eléctrico se puso al rojo vivo en las negociaciones entre el FMI y el gobierno. Es cuando el FMI anuncia que no será en diciembre que conocerá las revisiones del acuerdo stand-by, después dice que tampoco sería en enero y después que podría ser en febrero.

Ante el éxito previsible de que el congreso aprobara la ambiciosa y voraz reforma fiscal, el Banco Mundial accedió en desembolsar apresuradamente los primeros US$50 millones de un préstamo que se venía negociando desde hace diez años para el sector eléctrico sin que s cumpliesen las condiciones previas. Es que el gobierno no podía pagar los atrasos a los generadores sin descuadrar aun más el déficit fiscal que ya había sido descalabrado (alcanzando el 1% del PIB en lugar de cero) por el subsidio eléctrico de US$530 millones en lugar de los US$480 acordados con el FMI--recordemos que en 2005 el subsidio terminó en US$620 millones de los US$350 que se habían acordado--.

[Por cierto, la mentira tiene patas cortas, y las del superintendente y la CDEEE no son la excepción, cuando en diciembre y enero dijeron que lo programado de subsidio había sido US$600 millones, por lo cual se felicitaban al resultar menor el monto. ¡Mentirosos!].

La tormenta y las mentiras no terminan aquí. Imaginen la rabia de Offerdal y el staff del FMI, que había alimentado esperanza en el publico dominicano e internacional sobre las mejoras incipientes del Índice de Recuperación de Efectivo (IRE) de las distribuidoras, al ser informados que entre septiembre y diciembre no se había producido absolutamente ninguna mejora del mismo (quedando estancado en 55-56%, comparado con el 63% que en la carta de intención del año pasado se había acordado).

Claro, fueron los meses que Segura y el gabinete eléctrico se la pasaron figureando en la TV, radio y periódicos con el fallido intento de renegociación de los contratos de Madrid, en lugar de estar trabajando en algo que rindiera frutos y justificara el sueldazo que se han puesto.

También descubre uno a través de la carta de intención que se comienza a dudar gravemente de la palabra y soporte administrativo del gabinete eléctrico. ¿Por qué otra razón se obliga el gobierno ante el FMI y el BM a algo como “publicar en breve los resultados de las auditorias externas realizadas al Índice de Recuperación de Efectivo de las empresas distribuidoras… siguiendo los lineamientos de los términos de referencia acordados con el Banco Mundial”, así como los estados financieros de las distribuidoras y la CDEEE?

Mas aun, en el “Memorando Técnico de Entendimiento” anexo a la carta de intención de este año, se han afinado indicadores y criterios anteriores y se han añadido toda una serie de criterios de desempeño cuantitativos y metas indicativas especialmente relativas al sector eléctrico, con formas de calculo precisas y fechas estrictas de entrega. Es que en la carta de intención del año pasado se habían comprometido a algo similar, con fechas y todo, pero el gobierno no cumplió con esta obligación. (“¿Cómo hacer eso y ganar las elecciones?” me imagino a los funcionarios argumentando a puertas cerradas entre ellos, y alguien contestando “no le de’mente, dale pa’lante que en el camino se apareja la carga”).

Parece, sin embargo, que el gobierno sigue hablando mentira descaradamente. En la carta de intención de este año el gobierno dice: “las auditorias externas de los estados financieros del 2005 de las distribuidoras y de la CDEEE fueron recientemente publicadas”. No es solo que ya estamos en 2007, sino que ¿dónde están? ¿Dónde se pueden adquirir? ¿Por qué no las publican en el portal de Internet de las empresas, como se hacia antes?

Antes se había creado el “Comité de Recuperación del Sector Eléctrico”, que con su plan y todo fracasó. Ahora se ha creado un tal “Comité de Monitoreo para el Sector Eléctrico, el cual se encargará de monitorear el desempeño bajo el (nuevo) plan integral, y recomendar acciones correctivas en caso de presentarse desviaciones a lo establecido”. ¡Wow! La desconfianza en el desempeño del gabinete eléctrico corre profunda. Ojala no los pongan a ellos mismos a monitorearse.

Yo solo espero alcanzar a ver una de esta famosas y tan esperadas copias de las auditorias y estados financieros para que, finalmente, se arroje algo de luz sobre la oscuridad de información fidedigna que hemos sufrido en los últimos años, y así saber a ciencia cierta que es lo que de verdad esta ocurriendo en el sector eléctrico de este país desde agosto de 2004.

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