Existe una gran alianza que se beneficia de los subsidios eléctricos estatales. Las generadoras prefieren los subsidios a un mercado defectuoso al que las distribuidoras aun no le logran cobrar la energía. Las empresas petroleras están de pláceme. Las distribuidoras lo prefieren a estar disgustando a sus clientes. Y la mafia popularmente llamada “distribuidoras moradas” se beneficia calladita y en la sombra haciendo conexiones ilegales para grandes empresas y residenciales de altos ingresos que se roban un tercio o más de la energía que pagamos los demás.
El monto del subsidio ha alcanzado niveles de obscenidad financiera. Ya van US$ 1,450 millones hasta diciembre de 2006. Esto significa el 2% del PIB del país y se traga cerca del 8% de todos los ingresos corrientes del gobierno. Una situación sin precedentes. Los subsidios pre-capitalización de CORDE, CDE y CEA son niños de teta frente a esto.
El pago de los subsidio sale de los impuestos y endeudamiento. Las dos reformas fiscales recientes no solo fueron diseñadas para el Metro y la reelección, también el subsidio eléctrico entraba en el cajón. Al final, el contribuyente lo paga todo, impuestos y financiamiento.
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¿Por qué nos financian el subsidio desde fuera? A los petrodólares de PETROCARIBE le interesan financiar el consumo de petróleo, ya que lo abarata y endroga las jipetas y los aires acondicionados (¿sabía usted que 30% del consumo eléctrico de Santo Domingo es en aires acondicionados?).
Al Banco Mundial y al BID (por tanto, el FMI) les interesa financiar porque les han prestado dinero a los generadores. Si las distribuidoras o el gobierno no les pagan, ellos no pueden pagar de vuelta estos financiamientos.
Y a los proveedores de turbinas, piezas, cables, torres y subestaciones les interesa que se les compren sus productos que son inmensamente costosos y solo con préstamos avalados por sus gobiernos y agencias de seguro pueden ser comprados por países de clase media mundial como el nuestro (es lo que esta usando el presidente Fernández para su Metro).
El subsidio va a la CDEEE primero. Ella se queda con una parte para pagar el déficit de los generadores IPPs, para solventar su nomina supernumeraria de bien pagados compañeros incompetentes, así como el re-establecimiento de la jugosa intermediación de combustible para algunos IPPs pequeños y los del patio.
Otra parte del subsidio va a financiar el déficit de caja de las distribuidoras y las minúsculas inversiones que realizan. ¿En que consiste este “déficit de caja” que el FMI ha impuesto a los contribuyentes (los que además pagan la luz a precios exorbitantes)? Veamos.
Las distribuidoras apenas cobran la mitad de la energía que distribuyen. Es decir, el subsidio se usa, básicamente, para pagar esa otra mitad de la energía que se “pierde”. Las distribuidoras le pagan a los generadores a los que le compraron la energía. Algunos de estos generadores, ojo, son empresas vinculadas a las distribuidoras (el caso mas evidente es Edeeste) y no olvidar que los generadores IPPs se amamantan de la CDEEE que dirige las distribuidoras estatales.
Con el subsidio también se paga la energía que consumen las instituciones gubernamentales. Algunas de ellas son parasitas, como los servicios de seguridad del Estado que se ocupan de alimentar de chismes (muy detallados y hasta eróticos) sobre la oposición y los “enemigos del Estado” al presidente y su sequito pretoriano, perseguir a los muchachos de los barrios que venden las drogas por onzas (mientras duermen tranquilos los que las venden por toneladas), cuidar la frontera para que no pasen haitianos sin pagar el debido peaje, atrapar una de cada diez yolas (quizás la de los capitanes que no pagaron el cabotaje) con criollos huyendo de este paisaje inundado de palabras bonitas que no se pueden cocinar en la hoya, etc.
Hay otros consumos estatales que si son necesarios y justificables subsidiar, tales como los de escuelas, hospitales, defensa civil y otros.
El subsidio también paga por el consumo de los barrios pobres, pero esto apenas representa el 7% del total, aunque durante esta administración el programa se ha salido fuera de control por las elecciones del año pasado y por las que vienen el próximo. Muy probablemente ya ande por el 10% del total.
Finalmente, el subsidio también paga por la energía robada (la que se le llama “perdidas por facturación” en la jerga eléctrica). Esto es, la energía que compran las distribuidoras y ni siquiera logran facturar. Esa si que es mucha, quizás 40% del total (cuando se descuenta la que se pierde por “razones técnicas”, es decir, insuficiente inversión y mantenimiento de redes y sistemas),
Valorada a precios minoristas (tarifa promedio), esta energía que se “pierde” alcanza un promedio de RD$ 1,800 millones mensuales. Y en el período enero 2005 a diciembre 2006 (de donde sale este promedio), el total fue de RD$ 42,440 millones. Esto es un tesoro, y hundidos de cabeza en él, ocultos y calladitos, hay muchos negocios paralelos, oblicuos y transitivos.
Aquí es que opera, entre otras empresas mafiosas, las popularmente llamadas “distribuidoras moradas”, que cobra por hacer que los consumidores toleren los apagones y se olviden del dolor de cabeza mensual de las escandalosas tarifas eléctricas de este país. Conectan ilegalmente a grandes empresas y hasta amplias zonas residenciales de altos ingresos.
Disponen de todos los equipos, herramientas y conocimientos necesarios para estas operaciones. Borran la lectura de los contadores computarizados de las empresas, construyen nuevas acometidas trayendo la energía de otros cables montando un doble sistema eléctrico en empresas, residencias, edificios y fincas.
Las “distribuidoras moradas” cuentan con redes de contacto e información al interior de las empresas distribuidoras, a veces los cabecillas son hasta altos funcionarios en ellas. Esto les permite programar sus actividades con calendarios precisos de cuando serán leídos los contadores para borrarlos días antes. También programan teniendo en cuenta las rutinas de las brigadas de supervisión y de las brigadas de la llamada “policía eléctrica” (PAEF), aunque esta ultima no es gran problema porque esta compuesta por guardias y fiscales estatales, fácilmente sobornables.
El método de cobro es cargar una fracción del precio de la tarifa por cada kilovatio-hora borrado (entre el 30 y 40%). Se factura de boca (verbalmente) y se paga allí mismo, al contado. Si el cliente no quiere pagar o se pone de moroso, pues hasta le hacen maldades, tales como arreglar el medidor para que la lectura sea mayor al consumo y el “cliente” reciba tremenda sorpresa.
En los últimos meses, el mismo gerente general de Edeeste ha declarado que se han tenido que cancelar 120 de estos empleados mafiosos. Sin embargo, Edesur y Edenorte los contratan de nuevo. Resulta que muchos son peledeístas o tienen “enllaves”.
La nomina de Edesur y Edenorte ha crecido espectacularmente. A junio de 2004, Edesur contaba con 1,866 empleados y Edenorte con 1,362 para un total de 3,228. Después de dos años y medio, en diciembre de 2006, Edesur tiene 2,070 y Edenorte 2,091, para un total de 4,161 empleados, un aumento de 30% en 30 meses.
Hace pocas semanas, la representante residente del Banco Mundial, Sra. Cristina Malmberg, declaró que “aquí, claramente con el sector energético hay una transferencia generalizada. El dinero se podría usar de una manera mucho mejor porque quien se beneficia del déficit son los ricos, no los pobres”. Siendo que esto se produce bajo su propia supervisión y financiamiento de las distribuidoras y el sector eléctrico. ¿Por qué lo toleran y permiten que el jefe de la misión del FMI, Andy Wolfe, haya dicho la semana pasada que “las distribuidoras van bien”?

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