miércoles, 31 de enero de 2007

MENTIRAS Y SECRETOS DEL SUPERINTENDENTE DE ELECTRICIDAD

Con amplia y costosa campaña publicitaria, el Superintendente de electricidad, a coro con la CDEEE, detalla los “logros” de su gestión para “rescatar” el sector eléctrico, como creyendo que somos tontos. La gestión no ha rescatado nada, no se ha agregado ni un solo megavatio de generación nueva o de capacidad de transmisión, y la indicación incontestable de la ineptitud es que se ha triplicado el subsidio para echar un velo por encima de todas las fallas.


Estima el superintendente que el sector eléctrico “constituía, y en cierta medida sigue siendo, una importante fuente de desequilibrios macroeconómicos, por su dependencia de las finanzas publicas”. Y termina diciendo que producto de su gestión “estamos en una situación cuantitativa y cualitativamente superior a la de agosto 2004… Hoy día tenemos más luz, a prácticamente el mismo precio y por un mayor periodo de tiempo… Y lo mas importante, tenemos planes… se ve la luz al final del túnel”.

Esa luz que ve el superintendente es la de un tren en vía contraria que se nos viene encima a toda velocidad. El tren al que me refiero viene cargado del subsidio eléctrico que se ha triplicado (de 200 a 600 millones de dólares) durante los casi tres años de su gestión, haciéndolo aun mas dependiente de las finanzas publicas y fuente de mayores desequilibrios macroeconómicos. ¿Es que se podría negar eso sin admitirse portador de serias fallas profesionales?

El superintendente dirá que todo se debe a precios del petróleo, ya que su mentalidad estrechada por la política no le permite recordar que antes también crecieron desmesuradamente (torres gemelas, invasión de Irak), además de que estuvo la horrorosa devaluación (mas de 100%, jamás vivida por el país) por la quiebra fraudulenta de los bancos; aun así, el subsidio no pasaba de 170 millones de dólares, un monto manejable a pesar de las elecciones.

Si una administración tiene que, al mismo tiempo, triplicar el subsidio y aumentar el precio a los clientes del servicio que se subsidia, hay que concluir que algo anda muy mal en las finanzas y gestión de ese sector. El nudo del problema esta en la perversidad de que a mayor producción de electricidad, menos llega a los clientes y mayor es el déficit financiero. ¡A corregir esto es que debe dedicarse el superintendente!

El subsidio es el impuesto más injusto y regresivo, ya que sale del bolsillo de los contribuyentes, sean pobres o ricos, clientes o no de las empresas distribuidoras. El subsidio eléctrico descontrolado (por la reelección) ha contribuido en hacer que la administración pública haya implantado dos reformas fiscales en los últimos dos años. Con los 600 millones del subsidio (¡solo en 2006!) se podría comprar una planta de generación a carbón gigantesca (400 megavatios) y habría energía hasta para el metro.

El cálculo del subsidio que hace el superintendente es fallido, oculta información y contiene mentiras. A los 530 millones de dólares estimados por el superintendente hay que agregarle dos componentes escondidos. Pero primero, hay que desenmascarar una mentira.

El superintendente y la CDEEE se congratulan a si mismos porque el subsidio no alcanzó los 600 millones de dólares que se habían planificado, ya que se han producido mejoras en la gestión de las empresas distribuidoras.

¡Mentira! Esto se debió a que la tarifa real (la que se calcula por la ley y los contratos) ha sido menor que la tarifa pagada por los consumidores (la que el superintendente ordena a las distribuidoras a cobrar) desde octubre del año pasado. Esto ha generado un excedente que esta financiando a las distribuidoras por lo cual lo que tiene que pagar el Estado por subsidio ha disminuido.

Ahora pasamos a ver lo que oculta el subsidio. Primero, la anualidad de unos 60 millones de dólares que debieron pagar Edenorte y Edesur por el préstamo que se había logrado de Unión Fenosa para comprar sus propias empresas y que esta administración decidió pagar en efectivo y por adelantado con la emisión de bonos soberanos (ante el sonriente asombro de los funcionarios de Unión Fenosa en Madrid frente a tal impericia financiera).

El segundo componente es menos evidente, el costo de oportunidad que tiene la energía no servida a los clientes, es decir, lo que dejan de ganar los consumidores en sus actividades económicas (sea producción, servicio, ocio, descanso) por no disponer de la electricidad que están dispuestos a pagar de haberla.

Pero también están escondidas en las cifras globales del subsidio las perversidades e ilegalidades que tolera el superintendente teniendo el mandato y los instrumentos legales para evitarlos. En el subsidio se esconden los cerca de 40 millones de dólares que pierde la empresa hidroeléctrica estatal por vender a los demás generadores energía barata para que estos la revendan a las distribuidoras a precios del Acuerdo de Madrid.

También se esconde en el subsidio la expansión indiscriminada y fuera de control del Programa de Reducción de Apagones (PRA). En lugar de desarrollar la cultura de pago al tiempo que se adecuaba la infraestructura eléctrica de los barrios pobres para hacerlos consumidores de pleno derechos y deberes, se ha convertido en otro programa de clientela política como las funditas navideñas y los moños bonitos.

El subsidio también financia los más de 150 millones de dólares de déficit en la CDEEE debido a los contratos de IPPs como Smith-Enron y Cogentrix. La CDEEE no acaba de renegociarlos, continuando con su compra de energía costosa para re-venderla a los precios baratos del Acuerdo de Madrid a las distribuidoras.

Aun mas oculto en el subsidio esta el costo de oportunidad de la superintendencia no haber ordenado a las empresas distribuidoras que liciten nueva energía mas barata con la liberación que el crecimiento de la demanda y los contratos de Madrid caducados. En su lugar, la superintendencia tolera que las distribuidoras, siguiendo instrucciones de la CDEEE, favorezcan determinados generadores asignándoles contratos de corto plazo sin licitación y a los precios del Acuerdo de Madrid (que la misma administración entiende están “sobrevalorados”). ¡Cuanta hipocresía y doble moral!

También se esconde en el subsidio las ganancias ilegales que tolera el superintendente a las empresas distribuidoras por no compensar a los clientes las horas de apagones valoradas al 150% de los precios de la tarifa vigente.

Ojala pudiese apoyar mis argumentos con información de acceso publico a la cual remitir al lector, pero resulta que desde el inicio de esta administración no hay tal cosa en el sector eléctrico. Solo propaganda encuentra uno (notas de prensa, fotos, semblanzas y agendas de los funcionarios y muchas otras sandeces). Han borrado todo lo que había y solo cargan los portales de Internet con información desfasada. Otro día tocaré este delicado tema.

CONTRA-REFORMA DE LA LEY DE ELECTRICIDAD

Sin reflexionarla a profundidad y haciéndole modificaciones populistas y de dudosa moral, el Senado de la República aprobó el proyecto de ley del gobierno para contra-reformar el sector eléctrico vulnerando los derechos de los consumidores, encareciendo la tarifa y debilitando la transparencia en la gestión de empresas e instituciones eléctricas.

Todo comenzó con la intención de endurecer las penalidades legales y jurídicas contra el fraude eléctrico. “Muy bien, aunque no entiendo para que si las distribuidoras han logrado tan buena gestión, según la propaganda oficial”--pensaba yo antes de leer el proyecto de ley. Pero cuando se abre la caja resulta ser de Pandora y salen saltando y disparadas las intenciones e intereses verdaderos de una visión anticuada, ineficiente, clientelista y dictatorial del sector eléctrico.

Sin duda, se trata de una contra-reforma que intenta legalizar las acciones ilegales y anti-consumidores que los funcionarios de esta administración han llevado a cabo en su gestión. También es una ineficiente repartición del poder entre dichos funcionarios que fragmenta y des-coordina aun más las políticas públicas en el sector.

Las cosas se mueven tan ciegas y rápidas en el Congreso que estoy obligado, en este apretado espacio, a clarificar y emitir opinión sobre las modificaciones mas importantes que pretende esta contra-reforma de la Ley General de Electricidad (125-01), no vaya a ser que para el próxima artículo haya sido aprobada y promulgada la nueva ley.

La propuesta gubernamental afecta a los consumidores al imponer nuevos impuestos a la tarifa, debilitar la compensación por apagones y fortalecer la discrecionalidad de que dispone la Superintendencia para actuar sin rendición de cuentas. Los incrementos de la tarifa vienen de, primero, fijar en 1% de las ventas totales el pago a la Superintendencia que hacen las empresas eléctricas y permitirles contabilizar este pago como parte de la tarifa. Segundo, autoriza a las distribuidoras cargar los gastos de reconexión y verificación de clientes al cálculo de la tarifa. Tercero, a los consumidores se le podrá cortar la luz después de vencida la primera factura, con lo cual los clientes de las distribuidoras hemos perdido unos 45 días de crédito en el pago de su factura. Cuarto, se establece un impuesto del 10% al precio a que los usuarios no regulados logren licitar su energía. Y quinto, se autoriza a las distribuidoras a comprar menos energía en el mercado de ocasión o sobrantes (también llamado “spot”) en el que los precios han sido mas bajos que en el mercado de contratos de largo plazo.

Las modificaciones a la ley cierran aun mas el mercado eléctrico al multiplicar por siete el tamaño del consumo necesario (de 0.2 a 1.4 megavatios) para que las empresas puedan acceder al estatus de no regulado que les permite licitar directamente la electricidad de los generadores. Además, como se dijo, se obliga a pagar un 10% de impuesto sobre este precio de contratación de la energía. Recordemos que este era el único alivio que tenían las empresas para mejorar su competitividad ante las tarifas eléctricas mucho más bajas que se pagan en casi todos los demás países competidores.

Sufre también la transparencia a que obliga la actual ley, ya que se eliminan las licitaciones y requerimientos de calidad para la contratación de personal en la Superintendencia y en la CNE. Además, se establece explícitamente la posibilidad de reelección de los miembros de la SIE. Y, para colmo, ya la SIE no tiene obligación de “evitar prácticas monopólicas”, como ordena la ley actual, sino que solo deberá “denunciar(las)”.

La Superintendencia de Electricidad (SIE) deja de estar supervisada y rendir cuentas a la Comisión Nacional de Energía (CNE) y ahora dependería directamente del Presidente, a cambio se le otorga a esta última mayor poder en materia de decidir sobre concesiones energéticas al sector privado. También la SIE sería un juez y parte más poderoso en materia de “recursos de reconsideración”. ¿Por qué? ¿Para qué? A pesar de que en esta gestión se han realizado más seminarios eléctricos que nunca antes, estos temas institucionales que aparecen en el proyecto de contra-reforma de la ley nunca habían sido discutidos ni consensuados. Obviamente, estamos ante lucha de poder entre funcionarios de mentalidad feudal que quieren fragmentar los flujos de políticas y los reflujos de los dineros que se mueven hacia el poder de decisiones discrecionales incontestables.

Se diferencia la distribución de la comercialización. Claramente, se prepara el terreno para las concesiones de comercialización de electricidad, quizás comenzando en EDENORTE, sin tener que vender por licitación las empresas distribuidoras en su conjunto.

El Organismo Coordinador (OC), parece perder una parte de su autonomía e independencia, pero también se le permite operar el sistema eléctrico en su conjunto. Esto puede tener consecuencias serias, ya que es el OC la única institución del sector eléctrico que desde hace tres años publica transparentemente las informaciones de operaciones y transacciones comerciales mayoristas del mercado eléctrico.


Tanto que se criticaron los apagones “financieros” y el Acuerdo de Madrid, ahora se autorizaría a la SIE a “racionar”, es decir, reprimir el consumo de electricidad, en hasta un 30% de la energía demandada. Además, se libera a las empresas distribuidoras de la obligación de comprar por lo menos el 20% de la energía en el mercado que regularmente es más barato que es el de ocasión (spot).

El subsidio a la tarifa ya no es coyuntural y determinado por las situaciones específicas del sector, la contra-reforma establecería que siempre habrá subsidio cruzado (los que mucho consumen pagan por los que menos consumen). También se discrimina con respecto al concepto de fraude, el robo de los pobres y clase media tiene castigos menos severos que el de los ricos (esa fue la gran contribución del Senado a modificar el proyecto de ley enviado por el poder ejecutivo). Sin embargo, no se refuerzan penalidades para la SIE o la CNE si incumplen, engañan, se equivocan o roban.


La Superintendencia de Electricidad (SIE) es la gran beneficiaria, la coordinación de políticas y los derechos de los consumidores son los grandes perdedores.

sábado, 27 de enero de 2007

ALGO ANDA MAL EN ESTE PAÍS

Es diaria y dura la lucha mental y espiritual contra el pesimismo que llevamos dentro los dominicanos. Muchas y poderosas son las señales y golpes que refuerzan tal pesimismo ancestral. En este inmenso océano de sombras, afortunadamente, casi todos mantenemos un fuego de esperanza encendido en la cueva mas escondida del laberinto de nuestras almas y mentes.

Ese pesimismo no es un tema estrictamente cultural o étnico, tiene fundamentos estructurales en la forma en que funciona la economía y sociedad dominicanas. Ya son muchos los estudios comparativos internacionales que arrojan la misma conclusión: Republica Dominicana se desarrolla por debajo de su potencial, ya que tiene un ingreso per capita de clase media pero un nivel de bienestar social e institucionalidad de país pobre. Y así mismo es el país por dentro, con enormes disparidades y disfuncionalidades que van y vienen entre luces y sombras.

Los años de escolaridad son menos y su calidad es mucho peor de lo que se predeciría por la experiencia de otros países cuando han tenido o tienen hoy en día nuestro ingreso per capita. Siempre pasa cuando la preparación y salario de los maestros tienen estándares bajos. Y así se van creando dos países, el de los que recibieron educación privada de mas o menos buena calidad y el de los demás (Belindia llamaba un gran economista a este tipo de países duales, Bélgica e India conviviendo en el mismo espacio nacional). Salvo contadas excepciones (con los dedos de una mano), internacionalmente nos distinguimos en todas las áreas que menos talento en ciencias, capacidad de pensamiento abstracto y tecnología requieren: baseball, música típica, delincuencia, zonas francas, entretenimiento y playas.

Las muertes prevenibles son mas frecuentes de lo que la importación de automóviles lujosos sugeriría, además de que aun nos damos el lujo de pocos países de no tener seguridad social funcional. Mujeres y niños mueren cada día en cantidades típicas de países africanos, así como mueren los hombres jóvenes a balazos o por descuido. Los hospitales dominicanos están mejor equipados para atender las enfermedades típicas de países mas pobres, como los haitianos, que para atender la de los propios dominicanos cuyo ingreso per capita es cerca del doble que el de aquellos.

La electricidad consumida por persona es menor y su precio mayor que en relación a casi todos los países comparables que también son competidores nuestros en el comercio internacional. Este es uno de los pocos países del mundo en que el gobierno reprime el consumo de energía porque mientras más se genera mas se pierde, la receta perfecta para que la electricidad sea mas costosa de lo que realmente es--como si no se pudiera caminar y mascar chicle al mismo tiempo. Y ahora, en un acto desesperado, se modifica la ley de electricidad con el argumento de criminalizar el fraude, pero pasando de contrabando mayores poderes discrecionales a la superintendencia para debilitar los derechos de los consumidores y hacer aun más difícil abaratar la electricidad.

Algo que ya no se comenta mucho, el peso de los impuestos indirectos que empeoran la distribución del ingreso es mayor en el presupuesto nacional que lo que sugeriría la concentración del ingreso. Es decir, mientras menos ingreso tiene la gente mayor es el peso de los impuestos que paga. Y la vía escogida esta vez es encareciendo combustibles, lo que encarece todo lo demás casi sin que la gente se de cuenta, así como bebidas, tabaco y diversión, que unido al toque de queda virtual de horarios de consumo nos están convirtiendo nuestras ciudades en las más aburridas del mundo (ni los mormones, ni los pensionados europeos querrán visitarnos).

No nos faltan leyes penalizando comportamientos indebidos, pero la evasión parecería muy fácil y muchas veces los que están encargados de aplicar las leyes son los mismos que las violan impunemente. Por esa razón es que cada vez que las autoridades se esfuerzan un poquito terminan capturando mas policías y militares que civiles, y hasta fiscales caen abatidos a balazos. ¿Y es que creen que los civiles no toman nota de tales cátedras magistrales de cómo delinquir o ajustar cuentas?

Puede ser que lo que mantiene encendida la esperanza en medio de las sombras es que sabemos lo que hay que hacer y hasta como hay que hacerlo. Lo frustrante es que vemos como día a día pasan los años y hasta las décadas sin que esas cosas se hagan como deben hacerse. Es como si los que han dirigido la nación quisieran reinventar la rueda cada vez que tienen la oportunidad y los recursos para hacer algo significativo.

A ningún gobierno se le ha ocurrido resolver uno o dos grandes problemas a la vez, eso parecería demasiado simple y sin gloria, por lo que se dedican a enfrentar todos los problemas de una vez y, además, se inventan nuevos problemas y terminan resolviendo ninguno y hasta creando verdaderos problemas nuevos. Cualquier semejanza con el tema del metro de la Máximo Gómez a propósito es, ya que no es otra la razón por la cual terminó el año pasado el presidente haciendo cómplice al congreso de transferencias de fondos de salud y educación para el metro. En el presupuesto de este año continua la mentira, pero con apuestas mayores.

De esta forma se van acumulando leyes, instituciones y obras inconclusas que se adhieren parasitariamente chupando recursos, energías y esperanzas para la solución de los grandes problemas. Es así como también se acopian frustraciones y descontentos que adquieren carácter casi patológico en la población y los únicos que lo soportan son las caravanas del desierto que acampan cerca de las inagotables fuentes de aguas clientelistas del partido en el poder en ese momento.

En conclusión, algo anda muy mal en este país.