Con amplia y costosa campaña publicitaria, el Superintendente de electricidad, a coro con la CDEEE, detalla los “logros” de su gestión para “rescatar” el sector eléctrico, como creyendo que somos tontos. La gestión no ha rescatado nada, no se ha agregado ni un solo megavatio de generación nueva o de capacidad de transmisión, y la indicación incontestable de la ineptitud es que se ha triplicado el subsidio para echar un velo por encima de todas las fallas.
Estima el superintendente que el sector eléctrico “constituía, y en cierta medida sigue siendo, una importante fuente de desequilibrios macroeconómicos, por su dependencia de las finanzas publicas”. Y termina diciendo que producto de su gestión “estamos en una situación cuantitativa y cualitativamente superior a la de agosto 2004… Hoy día tenemos más luz, a prácticamente el mismo precio y por un mayor periodo de tiempo… Y lo mas importante, tenemos planes… se ve la luz al final del túnel”.
Esa luz que ve el superintendente es la de un tren en vía contraria que se nos viene encima a toda velocidad. El tren al que me refiero viene cargado del subsidio eléctrico que se ha triplicado (de 200 a 600 millones de dólares) durante los casi tres años de su gestión, haciéndolo aun mas dependiente de las finanzas publicas y fuente de mayores desequilibrios macroeconómicos. ¿Es que se podría negar eso sin admitirse portador de serias fallas profesionales?
El superintendente dirá que todo se debe a precios del petróleo, ya que su mentalidad estrechada por la política no le permite recordar que antes también crecieron desmesuradamente (torres gemelas, invasión de Irak), además de que estuvo la horrorosa devaluación (mas de 100%, jamás vivida por el país) por la quiebra fraudulenta de los bancos; aun así, el subsidio no pasaba de 170 millones de dólares, un monto manejable a pesar de las elecciones.
Si una administración tiene que, al mismo tiempo, triplicar el subsidio y aumentar el precio a los clientes del servicio que se subsidia, hay que concluir que algo anda muy mal en las finanzas y gestión de ese sector. El nudo del problema esta en la perversidad de que a mayor producción de electricidad, menos llega a los clientes y mayor es el déficit financiero. ¡A corregir esto es que debe dedicarse el superintendente!
El subsidio es el impuesto más injusto y regresivo, ya que sale del bolsillo de los contribuyentes, sean pobres o ricos, clientes o no de las empresas distribuidoras. El subsidio eléctrico descontrolado (por la reelección) ha contribuido en hacer que la administración pública haya implantado dos reformas fiscales en los últimos dos años. Con los 600 millones del subsidio (¡solo en 2006!) se podría comprar una planta de generación a carbón gigantesca (400 megavatios) y habría energía hasta para el metro.
El cálculo del subsidio que hace el superintendente es fallido, oculta información y contiene mentiras. A los 530 millones de dólares estimados por el superintendente hay que agregarle dos componentes escondidos. Pero primero, hay que desenmascarar una mentira.
El superintendente y la CDEEE se congratulan a si mismos porque el subsidio no alcanzó los 600 millones de dólares que se habían planificado, ya que se han producido mejoras en la gestión de las empresas distribuidoras.
¡Mentira! Esto se debió a que la tarifa real (la que se calcula por la ley y los contratos) ha sido menor que la tarifa pagada por los consumidores (la que el superintendente ordena a las distribuidoras a cobrar) desde octubre del año pasado. Esto ha generado un excedente que esta financiando a las distribuidoras por lo cual lo que tiene que pagar el Estado por subsidio ha disminuido.
Ahora pasamos a ver lo que oculta el subsidio. Primero, la anualidad de unos 60 millones de dólares que debieron pagar Edenorte y Edesur por el préstamo que se había logrado de Unión Fenosa para comprar sus propias empresas y que esta administración decidió pagar en efectivo y por adelantado con la emisión de bonos soberanos (ante el sonriente asombro de los funcionarios de Unión Fenosa en Madrid frente a tal impericia financiera).
El segundo componente es menos evidente, el costo de oportunidad que tiene la energía no servida a los clientes, es decir, lo que dejan de ganar los consumidores en sus actividades económicas (sea producción, servicio, ocio, descanso) por no disponer de la electricidad que están dispuestos a pagar de haberla.
Pero también están escondidas en las cifras globales del subsidio las perversidades e ilegalidades que tolera el superintendente teniendo el mandato y los instrumentos legales para evitarlos. En el subsidio se esconden los cerca de 40 millones de dólares que pierde la empresa hidroeléctrica estatal por vender a los demás generadores energía barata para que estos la revendan a las distribuidoras a precios del Acuerdo de Madrid.
También se esconde en el subsidio la expansión indiscriminada y fuera de control del Programa de Reducción de Apagones (PRA). En lugar de desarrollar la cultura de pago al tiempo que se adecuaba la infraestructura eléctrica de los barrios pobres para hacerlos consumidores de pleno derechos y deberes, se ha convertido en otro programa de clientela política como las funditas navideñas y los moños bonitos.
El subsidio también financia los más de 150 millones de dólares de déficit en la CDEEE debido a los contratos de IPPs como Smith-Enron y Cogentrix. La CDEEE no acaba de renegociarlos, continuando con su compra de energía costosa para re-venderla a los precios baratos del Acuerdo de Madrid a las distribuidoras.
Aun mas oculto en el subsidio esta el costo de oportunidad de la superintendencia no haber ordenado a las empresas distribuidoras que liciten nueva energía mas barata con la liberación que el crecimiento de la demanda y los contratos de Madrid caducados. En su lugar, la superintendencia tolera que las distribuidoras, siguiendo instrucciones de la CDEEE, favorezcan determinados generadores asignándoles contratos de corto plazo sin licitación y a los precios del Acuerdo de Madrid (que la misma administración entiende están “sobrevalorados”). ¡Cuanta hipocresía y doble moral!
También se esconde en el subsidio las ganancias ilegales que tolera el superintendente a las empresas distribuidoras por no compensar a los clientes las horas de apagones valoradas al 150% de los precios de la tarifa vigente.
Ojala pudiese apoyar mis argumentos con información de acceso publico a la cual remitir al lector, pero resulta que desde el inicio de esta administración no hay tal cosa en el sector eléctrico. Solo propaganda encuentra uno (notas de prensa, fotos, semblanzas y agendas de los funcionarios y muchas otras sandeces). Han borrado todo lo que había y solo cargan los portales de Internet con información desfasada. Otro día tocaré este delicado tema.